Final
La vuelta de Copán fue larga, muchas horas de coche y mucha
lluvia. Llegamos a la Monterrey y no había agua ni luz, aunque la luz llegó
enseguida.
El domingo 10 de Agosto tuvimos un poco más de reposo, y
hasta las 11 y media no salimos de la Monterrey acompañados por nuestros dos ángeles
de la guarda. Fuimos al centro comercial (Mall) a sacar dinero, comprar la
medicina de desparasitación (esto para no pegaros nada cuando lleguemos a
España) y a comer por allí. Eso hicimos,
curiosamente Joaquín y yo tomamos comida hondureña (catracha), mientras que
Auxi y Samuel tomaron comida china. Por cierto yo tomé una cosa que se llamaba
Chuchi que es Shushi pero Hondureño, no
tiene pescado y sí tiene frijoles,
aguacate, etc.
Volvimos a la Monterrey y más tarde, sobre las 6:30 nos
llevo Samuel a una iglesia a misa. Ahí tuvimos otra anécdota para contar,
porque en la consagración todos se pusieron de rodillas al unísono, como los
militares, excepto Joaquín y yo, principalmente porque no teníamos sitio entre
los dos bancos. Joaquín me explicó luego a la salida que el cura, mientras
consagraba, dijo “si alguno tiene impedimento físico para ponerse de rodillas,
que se siente”. En fin, que luego fuimos
a hablar con el cura un ratito…
Esa noche los chicos de nuestra populorum nos prepararon una
cena especial. Los chico no son muchos, así que por una vez los vamos a
nombrar: Samuel, Heliodoro, Javier, Carlos y Omar (estos nombres no son
difíciles). Mantel, fruta, cubiertos, pollo, fantas y cocacolas… aunque no
pudimos conseguir cerveza porque los domingos hay ley seca y no la venden (¿!!??).
En la cena estuvo también Patricio y Antonio (un chico de la Cala de Mijas que
viene todos los años; otro de los locos de Honduras). Llama mucho la atención
que la gente repita y vuelva a repetir su viaje a Honduras, pero así es y no es
fácil encontrar a una persona que haya ido solo una vez… claro, precisamente
será por eso…
El lunes cuando yo me levanté todavía quedaba un poco de
agua y pude ducharme, pero para Joaquín ya no quedaba, así que tuvo que ir de
una a otra casa buscando una ducha. Al final se duchó en una casa y luego en
otra; dos veces. Hicimos las maletas y nos fuimos a una reunión que teníamos en
la universidad, pero cuando estábamos esperando “el colectivo”, llamaron
diciendo que no había reunión, así que sólo fuimos a la embajada. Y después de
la embajada volvimos a la Monterrey, recogimos las maletas y con Olaya (otra
loca de Honduras), y cincuenta más, viajando en la paila a más de 120 por hora,
fuimos al colegio Sta. Clara, el primero de Acoes, donde se celebraba un
aniversario. Estaba todo lleno de niños, profesores, algunas madres y gente de
Acoes. Y había una misa con todos que celebraba el cardenal (Maradiaga). Y allí
estuvimos veinteminutos hasta que el tiempo nos obligó a irnos al aeropuerto. Llegamos con
tiempo de sobra y facturamos el equipaje ¡directamente hasta Granada!. El viaje
fue todo así, a tiempo y sin dificultad.
Y ya llegamos a un mundo diferente por completo.
Qué alegría
abrazar a la familia y qué abrazos más apretados. Aunque los has tenido
presentes y contigo en todo momento, también en todo momento hubieras querido
que estuvieran físicamente allí, viviendo lo mismo que tú.
Tengo los recuerdos de Honduras muy vivos y las caras y los
gestos de las gentes todavía en la retina; sólo tengo que cerrar los ojos para
verlos; y sin cerrarlos los echo de menos. Parece increíble echar de menos también
todas esas cosas que son tan incómodas como la comida, la paila, el taburete
para sentarse, la casa sin agua, la suciedad, la mosquitera … pero se echa. Porque
hay algo indefinible que diferencia a este de aquel mundo y que nadie al que he
preguntado me ha sabido explicar. ¿Por qué vuelves a Honduras?. Seguramente
Chesterton tenía razón *: los artistas para mirar un paisaje lo ven boca abajo,
al revés. Así veía también san Francisco de Asís el mundo, y san Juan de la
Cruz, al revés, todo colgado del cielo, pendiente de un cabello de Dios. Nosotros
los ricos (ahora te das cuenta de que somos muy ricos) tapamos esa realidad con
ilusión y lo tapamos tanto que no vemos el mundo real. Quizá por eso cuando
aparece una esquinita del mundo real nos resulte tan raro y nos duela tanto; y
quizá por eso estemos siempre tan
asustados de que pueda aparecer y nos
busquemos seguros para todo creyendo al final que no existe.En Honduras y supongo que también en todos los países pobres (que son más que los ricos), se vive el mundo como es, sin ningún tapujo, con la pobreza, el hambre, la enfermedad, la suciedad, la violencia,… ese es el único mundo que conocen y ese es el mundo real. Pero te miran y te hablan con el corazón en los ojos, y la sonrisa de los niños, que les ilumina la cara sucia, es una imagen clarísima de Dios; o cuando te abrazan con ese abrazo de abandono que tienen, o cuando los chicos te dicen “te quiero mucho” sin ruborizarse… y todo esto también es el mundo real. Quizá aquí estemos tapando todo a la vez y quizá por eso los que van vuelven una y otra vez.
Aquí termina esta aventura que el Señor me ha regalado. A Dios le pido que haga que no se me olvide.
Muchas gracias a todos y un abrazo fortísimo.
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“ Decir que en cada momento y en cada detalle
dependemos de Dios, como lo hace el cristiano… no constituye una ilusión de la imaginación;
por el contrario, es el hecho fundamental que cubrimos, como un manto, con la
ilusión de la vida ordinaria.
Quien ha visto el mundo pendiente de la
misericordia de Dios como de un cabello, ha visto la verdad.”. San Francisco de
Asís. G.K.Chesterton.
