jueves, 14 de agosto de 2014

Final


Final

La vuelta de Copán fue larga, muchas horas de coche y mucha lluvia. Llegamos a la Monterrey y no había agua ni luz, aunque la luz llegó enseguida.

El domingo 10 de Agosto tuvimos un poco más de reposo, y hasta las 11 y media no salimos de la Monterrey acompañados por nuestros dos ángeles de la guarda. Fuimos al centro comercial (Mall) a sacar dinero, comprar la medicina de desparasitación (esto para no pegaros nada cuando lleguemos a España) y a comer por allí.  Eso hicimos, curiosamente Joaquín y yo tomamos comida hondureña (catracha), mientras que Auxi y Samuel tomaron comida china. Por cierto yo tomé una cosa que se llamaba Chuchi que es Shushi  pero Hondureño, no tiene pescado y sí tiene  frijoles, aguacate, etc.

Volvimos a la Monterrey y más tarde, sobre las 6:30 nos llevo Samuel a una iglesia a misa. Ahí tuvimos otra anécdota para contar, porque en la consagración todos se pusieron de rodillas al unísono, como los militares, excepto Joaquín y yo, principalmente porque no teníamos sitio entre los dos bancos. Joaquín me explicó luego a la salida que el cura, mientras consagraba, dijo “si alguno tiene impedimento físico para ponerse de rodillas, que se siente”.  En fin, que luego fuimos a hablar con el cura un ratito…

Esa noche los chicos de nuestra populorum nos prepararon una cena especial. Los chico no son muchos, así que por una vez los vamos a nombrar: Samuel, Heliodoro, Javier, Carlos y Omar (estos nombres no son difíciles). Mantel, fruta, cubiertos, pollo, fantas y cocacolas… aunque no pudimos conseguir cerveza porque los domingos hay ley seca y no la venden (¿!!??). En la cena estuvo también Patricio y Antonio (un chico de la Cala de Mijas que viene todos los años; otro de los locos de Honduras). Llama mucho la atención que la gente repita y vuelva a repetir su viaje a Honduras, pero así es y no es fácil encontrar a una persona que haya ido solo una vez… claro, precisamente será por eso…

El lunes cuando yo me levanté todavía quedaba un poco de agua y pude ducharme, pero para Joaquín ya no quedaba, así que tuvo que ir de una a otra casa buscando una ducha. Al final se duchó en una casa y luego en otra; dos veces. Hicimos las maletas y nos fuimos a una reunión que teníamos en la universidad, pero cuando estábamos esperando “el colectivo”, llamaron diciendo que no había reunión, así que sólo fuimos a la embajada. Y después de la embajada volvimos a la Monterrey, recogimos las maletas y con Olaya (otra loca de Honduras), y cincuenta más, viajando en la paila a más de 120 por hora, fuimos al colegio Sta. Clara, el primero de Acoes, donde se celebraba un aniversario. Estaba todo lleno de niños, profesores, algunas madres y gente de Acoes. Y había una misa con todos que celebraba el cardenal (Maradiaga). Y allí estuvimos veinteminutos hasta que el tiempo nos obligó a irnos al aeropuerto. Llegamos con tiempo de sobra y facturamos el equipaje ¡directamente hasta Granada!. El viaje fue todo así, a tiempo y sin dificultad.

 
Y ya llegamos a un mundo diferente por completo.
Qué alegría abrazar a la familia y qué abrazos más apretados. Aunque los has tenido presentes y contigo en todo momento, también en todo momento hubieras querido que estuvieran físicamente allí, viviendo lo mismo que tú.
Tengo los recuerdos de Honduras muy vivos y las caras y los gestos de las gentes todavía en la retina; sólo tengo que cerrar los ojos para verlos; y sin cerrarlos los echo de menos. Parece increíble echar de menos también todas esas cosas que son tan incómodas como la comida, la paila, el taburete para sentarse, la casa sin agua, la suciedad, la mosquitera … pero se echa. Porque hay algo indefinible que diferencia a este de aquel mundo y que nadie al que he preguntado me ha sabido explicar. ¿Por qué vuelves a Honduras?. Seguramente Chesterton tenía razón *: los artistas para mirar un paisaje lo ven boca abajo, al revés. Así veía también san Francisco de Asís el mundo, y san Juan de la Cruz, al revés, todo colgado del cielo, pendiente de un cabello de Dios. Nosotros los ricos (ahora te das cuenta de que somos muy ricos) tapamos esa realidad con ilusión y lo tapamos tanto que no vemos el mundo real. Quizá por eso cuando aparece una esquinita del mundo real nos resulte tan raro y nos duela tanto; y quizá por eso estemos siempre  tan asustados de que pueda  aparecer y nos busquemos seguros para todo creyendo al final que no existe.
En Honduras y supongo que también en todos los países pobres (que son más que los ricos), se vive el mundo como es, sin ningún tapujo,  con la pobreza, el hambre, la enfermedad, la suciedad, la violencia,… ese es el único mundo que conocen y ese es el mundo real. Pero te miran y te hablan con el corazón en los ojos, y la sonrisa de los niños, que les ilumina la cara sucia, es una imagen clarísima de Dios; o cuando te abrazan con ese abrazo de abandono que tienen, o cuando los chicos te dicen “te quiero mucho” sin ruborizarse… y todo esto también es el mundo real. Quizá aquí estemos tapando todo a la vez y quizá por eso los que van vuelven una y otra vez.

Aquí termina esta aventura que el Señor me ha regalado. A Dios le pido que haga que no se me olvide.

Muchas gracias a todos y un abrazo fortísimo.

·         “ Decir que en cada momento y en cada detalle dependemos de Dios, como lo hace el cristiano… no constituye una ilusión de la imaginación; por el contrario, es el hecho fundamental que cubrimos, como un manto, con la ilusión de la vida ordinaria.

Quien ha visto el mundo pendiente de la misericordia de Dios como de un cabello, ha visto la verdad.”. San Francisco de Asís. G.K.Chesterton.