La paila se lleno de gente y el coche también.
En el camino parábamos de vez en cuando para que Auxi
y Samuel le dieran barritas a los niños y la madres que se acercaban.
Y tras muchos botes y cuestas, llegamos al primer
pueblo donde se bajaron muchos de los viajeros. Los demás lo hicieron más
adelante.
Paramos en el siguiente pueblo para ver a una
chica populorum que es de allí.
Me dio muchos recuerdos para Begoña, como otra
mucha gente de aquí que la recuerda con cariño.
Salimos ya de noche y el camino comenzó a
complicarse.
En una subida el coche se quedo a mitad de la
cuesta y tuvieron que bajarse todos y coger carrerilla para subir.
Esto paso otra ve en otra cuesta, pero pasamos.
Hasta ahora estábamos superando todas las
dificultades.
Por fin, tras cuatro o cinco horas de carril
llegamos a la carretera de asfalto a una hora de Tegus, y esto nos dio mucha alegría.
Pero justo cuando entramos en el asfalto nos dimos
cuenta de que había una rueda pinchada
No era fácil pero tras varios intentos Joaquín consiguió
sacar la rueda de repuesto, que resulto estar también pinchada.
Un rato para tomar una decisión y paró un coche y
un muchacho se ofreció para llevar a dos (dijo que a dos chicos no) hasta una
llantera para que le arreglara la rueda y luego traerlos.
Se fueron y nos quedamos intentando poner el gato
para subir el coche lo cual fue una tarea imposible. Así que allí estuvimos más
de dos horas en plena noche muy preocupados por los que fueron a la llantera,
porque no daban señales de vida.
Sobre las doce de la noche (que al cambio vienen a
ser las dos de la mañana) apareció un camión de ACOES con cinco populorum de la
peña que, casi sin preguntar, se bajaron, colocaron los gatos, quitaron la
rueda y pusieron una de repuesto que traían.
Los gatos los ponían en el eje de la rueda y se metían
bajo el coche para ponerlos y subirlos; eso sí, ponían dos gatos.
A Joaquín y a mí nos asustó mucho la maniobra.
Nosotros vimos que ese era el único sitio posible
de poner el gato pero nos parecía imposible por ser tan peligroso.
Para ellos no era peligroso y en un momento estaba
solucionado.
Solo nos faltaban los dos que fueron a la
llantera.
Pero también nos dieron noticias de ellos, estaban
en Tegus, en la primera colonia.
Y con esos datos nos fuimos a buscarlos.
Una hora después de nuevo recibimos ayuda divina y
los encontramos en una llantera con el chico que los recogió, que fue tan
amable que se quedo allí con ellos hasta que llegamos.
No pudimos reparar las ruedas porque había que
cambiar las cubiertas.
Y nos contaron que cuando iban hacia la llantera también
pincho el coche del chico.
Y aquí termina la historia, ya desde allí tardamos
un cuarto de hora hasta casa y el día termino felizmente.