Felizmente llegamos a una escuelita en el monte
donde dejamos unas sillas y cajas con comida y libros.
La escuelita era una casa más pero con una habitación
mas grande.
Las casas las hacen ellos mismos con paredes
gruesas de adobe.
Después ponen un entramado de troncos o
maderos y sobre ellos las tejas que son grandes y gruesas.
A la casa le queda luz entre las paredes y las
tejas, que es la luz que tienen, porque no suelen hacer ventanas y les gusta
estar medio a oscuras.
Además por ahí se ventila la casa pues
tienen que luchar más contra el calor que contra el frio.
Tienen casi siempre o siempre un porche que ocupa
un lateral entero de la casa o una esquina o alrededor de la puerta.
El porche lo hacen como continuación del tejado, así
que luego queda bajito.
Y la casa está sobre una plataforma de cemento o
barro que la deja un poco más alta.
Los alrededores los tienen cuidados con tierra
apisonada y libre de insectos con muchas gallinas. Ponen flores alrededor y
frutales.
Los limoneros son muy corrientes aunque los
limones son muy pequeños y no llegan nunca a amarillos. También hay naranjos y
frutales de aquí como mangos, plátanos, etc. Los frijoles y el maíz están
plantados lejos de la casa, en manchas en el bosque.
Y si tienen vacas, tienen corrales con
palos y alambres de espino cerca de la casa, donde duermen. El resto
del día pacen por el monte.
Cuidan mucho de los montes y están perfectamente integrados
en el bosque.
Si estás solo en el camino, te parecerá que eres
la única persona en el mundo, pero por veredas escondidas puedes llegar a las
casas.
Ellos se sienten acompañados y caminan por allí
como por su pueblo. Están tan acostumbrados al silencio que hablan muy
bajito, que casi no se les oye.
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