Dejamos el coche en el camino y por una veredilla
llegamos a casa de Samuel.
Nos esperaban su madre (Olga) y su cuñada y
varios sobrinos. Muy amables, acogedores y cariñosos. Los niños tímidos y
con pena (que aquí le llaman a la vergüenza), pero luego intimamos con
ellos.
Suelen tener una cocina de leña, sin chimenea y
fuera de la casa un horno. Este horno era especialmente bonito y a Joaquín
le llamo la atención por la suavidad de sus líneas.
Preguntamos y lo había hecho la madre de Samuel y
al preguntarle cuanto había tardado, nos dijo que bueno, que lo hizo a ratos,
que no tenía prisa... Dos días.
También la casa la hicieron su marido y ella, y
también borda y amasa pan de trigo y cuida las dos vacas y el ternero que
tienen, y los frijoles,... Total que tiene 54 años, pero una agilidad
envidiable. Naturalmente, esta delgada.
Después Samuel había pedido a su tío un caballo y
dos mulas para que diéramos un paseo.
Los caballos aquí son muy pequeños, no sé
porque y las mulas también.
Joaquín y yo fuimos andando
Una de las mulas no
estaba del todo desbravada y Samuel la dominaba bien, pero al intentar subirse Joaquín
se puso de manos y lo tiro al suelo y además intento luego
pisotearlo.
Afortunadamente Samuel estaba al quite y la detuvo y el asunto
quedo solo en magulladuras de uno o dos días.
Nos pusieron de comer pollo con patatas y col, muy
rico, y tanta cantidad que tuvimos que pedirles que nos quitaran la mitad. El
pollo era de campo y esa mañana estaba por allí corriendo por la casa, y estaba
buenísimo no el plástico que tomamos nosotros.
Charlamos un rato y Samuel aprovecho para
decirle a su madre que se venía a granada. Todavía no había podido decírselo
porque la única forma de comunicarse es llamar a la vecina de su cuñada y
que esta que vive a más de una hora o dos andando, se lo diga a su madre.
Nos hicimos fotos y nos volvimos para que no se
nos hiciera tarde.
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