viernes, 25 de julio de 2014

El Chino

Hoy Luis, mientras yo compraba un cuaderno (y cuatro cervezas), se ha hecho medio amigo del tipo con un rifle largo que está en la puerta del Chino donde venden la cerveza (yo en cambio, estoy intentando hacerme amigo del propio Chino, que es el que vende la cerveza). 

Pues bien, el guarda armado, que es campechano y tranquilote, todo lo ve bien. Dice que aquí la gente es buena y que "se puede andar..., se puede andar..." como queriendo decir que lo tiene todo controlado, que esas mafias asesinas no le dan miedo. Las maras son parecidas a pequeños clanes locales (a veces controlan unas pocas calles o una colonia o barrio) cuyo brazo ejecutor son jóvenes asalvajados que torturan, cortan miembros y matan sin pensárselo dos veces. En realidad controlan todos los comercios de la zona (y nadie las ve), y el guarda está ahí porque el Chino se niega a pagar a las maras. Por eso hace falta el rifle y el guarda. 

Por lo que sabemos, las maras manejan ésta comunidad con impunidad. Las palabras del hombre a mis espaldas, su gesto tranquilo acodado en un estante de la tienda, no logran que cada poco nuestra mirada escape fugazmente al cañón reluciente de su rifle, con el que juguetea mientras habla.

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